La tecnología tiende todavía a ser vista como exógena a todo el cuerpo social, como un fenómeno externo, con sus propias lógicas, que avanza de manera autónoma, como algo que está fuera del alcance de las decisiones humanas. Por eso, muchos se expresan contra la tecnología, como si ella fuera una "cosa" y no el resultado del pensamiento y la acción humanos. Las primeras tecnologías paradigmáticas en la historia fueron, probablemente, el descubrimiento de la posibilidad de controlar el fuego y la aplicación de la rueda. Ambas están enraizadas en el surgimiento de las primeras formas civilizadas de la sociedad y su impacto fue determinante para consolidar la opción por una vida sedentaria, el avance de la agricultura y los grandes pasos de la evolución siguiente.
En el origen de la revolución industrial, los Indditas llamaban a destruir las máquinas, a las que consideraban contrarias a los trabajadores y a la subsistencia natural de la sociedad. A hora sus herederos modernos se oponen a la tecnología como enemiga del medio ambiente o del equilibrio humano. Ambas fomas de expresión ignoran que la tecnología no es otra cosa que una creación del ingenio humano, surgida en el seno de la propia sociedad, y que busca aprovechar las condiciones de funcionamiento de la naturaleza para obtener resultados deseados que no surgirían de manera espontánea. Regular y ordenar conscientemente la tecnología no es lo mismo que destruirla.
Hay pocas tecnologías paradigmáticas tan evidentes como la invensión de la máquina a vapor, seguida, más tarde en una "segunda ola" por la electricidad y el motor de explosión.
Hoy, esas dos experiencias están en proceso de ser superadas por la convergencia de nuevos descubrimientos en las comunicaciones y la informática.
Marx se adelanta a su época y, llega a presentar ideas que condicionan su propia teoría de la explotación, que aparece de pronto como un fenómeno histórico cuya importancia podría quedar regalado, en el futuro, debido al avance de la tecnología y de sus efectos sobre la producción. Esta perspectiva notable se observa en un párrafo del mismo texto, dice que "el pilar fundamental de la producción y la riqueza (social) no es (...) sino la apropiación de su propia fuerza productiva general, su comprensión de la naturaleza y su dominio de la misma...(de modo que) el robo del tiempo de trabajo ajeno, sobre la cual se funda la riqueza actual, aparece como base miserable comparando con este fundamento recién desarrollado, creado por la gran industria misma". (ídem, pág. 228).
Schumpeter, y Marx, sacan a la tecnología de su ámbito específico para colocarla en manos de quienes están interesados en promover su desarrollo en ciertas direcciones, sean éstos la burguesía industrial o los empresarios innovadores. Ese primer paso decisivo en torno de una nueva perspectiva no alcanzó a condicionar esos resultados e incorporarlos al sistema social que engloba al fenómeno.
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